Al hacer nacer, sucesivamente, las naciones sobre la tierra, Dios da a cada una -una palabra especial- la palabra que debe decir al mundo, la palabra particular que viene de lo Eterno y que cada una debe pronunciar. Echando una ojeada a la historia de las naciones, podemos sentir resonar esta palabra, saliendo de la boca colectiva del pueblo, pronunciada en sus actos, contribución de este pueblo a la humanidad ideal y perfecta. Para el antiguo Egipto, la palabra fue Religión; para Persia, la palabra fue Pureza; para Caldea, la palabra fue Ciencia; para Grecia, fue Belleza; para Roma, Ley; para la India en fin, la mayor de todas, el Eterno da una palabra que resume todas las demás -la palabra Dharma. – He aquí la que la India debe decir al mundo.
El Dharma es la naturaleza interna, caracterizada en cada hombre por el grado de desenvolvimiento adquirido, y además, la ley que determina el desarrollo en el periodo evolutivo que va a seguir.
En el hinduismo se trata de la ley universal de la naturaleza, ley que se encuentra en cada individuo lo mismo que en todo el Cosmos. A nivel cósmico esta ley se concibe manifestada por movimientos cíclicos y regulares. A nivel del individuo humano, el dharma adquiere una nueva acepción: la del deber ético y religioso que cada cual tiene asignado según su determinada situación de nacimiento.